Aves sin nido

168 . AVES SIN NIDO Lo primero que voló al aire fué el sombrero del cura Pascual renovando la nerviosidad del macho que se espantó con los pendones de unas ventas de picante que flameaban; tambaleó el jinete por unos minutos y ·por fin, perdido el equilibrio, cayó por tierra privado de sentido. Sucedía esto en las cercanías del convento de los Descalzos. Muchas gentes curiosas se agolparon, y la conmiseración condujo al desconocid.o hacia las puertas del convento, donde la caridad de los frailes recibió al enfermo. El Guardian era un fraile grave, en cuyo corazón Dios sabe qué misterios de bondad se escondían. Este conoció al cura Pascual en repetidas veces que estuvo de tránsito en Kíllac; le prodigó su asis– tencia, y cua.ndo recobró los sentidos, le dijo: - ¡La misericordia de Dios es grande, hermano! -Y le señaló una celda para alojamiento. En el silencio del claustro vióse el cura Pascual, de nuevo desnudo moralmente, sólo, absolutamente sólo en el mundo. ¡Ah! ¡nó ! le seguían sus fantas– mas,- y tornó al delirio calenturiento, diciendo ent~e sollozos y frases entre cortadas: --¡ Sí, Dios mío! .... Tú has hecho al hombre so– ciable; has puesto en su corazón los vínculos de amor, de la fraternidad y la familia. El que renuncia, el que huye, huye de tu obra, execra tu ley natural ·y ...... cáe abandonado ...... como yó en el aparta- do curato! ... :..... ¿Quién? ¿quiénes han salvado sin quebrantos en

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