Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 163 -Gracias, Fernando mío, cuan bueno eres;-dijo Lucía volviendo á abrazará su esposo. En aquellos momentos sonaron dos suaves y acom– pasados golpes dados á las mamparas. -¡ Adelante!-dijo don Fernando apartándose un poco de su esposa, y apareció la simpática figura de Marga rita, embellecida aún más notablemente por la estimación y los cuidados. -Madrina,- dijo la niña, - está en la sala Ma- nuel y dice que quiere hablar con mi padrino , -¿Hace rato que espera? -SÍ, madrina. - Allá voy; - dijo don Fernando y salió dejando juntas á la madrina y á la ahijada. Lucía contem– pló embebecida á Margarita por algunos momentos diciéndose interiormente: -Alguien ha dicho que las mujeres responden más que cualquier otro ser el engreimiento y trato fino; ¡ah! mi :Margarita es la realidad de ese pensamiento. En efecto. Engreída y estimada la mujer gana un ciento por .ciento en hermosura y en cualidades moral~s. Si nó, acordémonos de esae infelices mujeres hostigadas en los misterios del hogar por los celos infundado!$; gastadas por la glotonería de los maridos; reducidas á respirar aire débil y tomar alimento escaso; y al pmüo tendremos á la vista la infeliz mujer displi– cente, pálida, ojerosa; en cuya mente cruzan pensa– mientos siempre tristes, y cuya voluntad de acción duerme el ·letárgico sueño del desmayo.
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