Aves sin nido
CLO'RINDA M.ATTO DE TlJRNER 181 -Voy á cortar este nudo gordiano con el filo de una vohmtad inquebrantable; . - dijo don Fernando golpeando su frente. con la palma de la mano, y se fué en busca de Lucía para comunicarle la resolu– ci6n que acababa de adoptar. Cuando don Fernando entró al dormitorio de su esposa, ésta se hallaba delante de un espejo de cuer– po entero qne proyectaba su superficie límpida des– de la puerta de un armario negro de caoba perfecta– mente charolado y en cuya claridad se retrataba la figura -esbelta de la espoi:;a de Marín, con una ancha bata de piqué, y su blonda cabellera suelta sobre los hombros en graciosas ondas de seda. Acabaha de salir del baño. Al pisar el umbral de la habitaci6n, don Fernan– do, apareció tambien duplicado por el espejo, y al verle sonrió· Lucía y volvió la cara para recibir al original que llegaba en actitud de abrazarla. -Vengo á darte una buena noticia, hijita mía;- dijo Marín tomándola entre sus brazos. · - ¿Buenas nuevas en tiempos tan calamitosos? ¿de dónde las sacas, Fernando mío?- preguntó ella correspondiendo al abrazo. -De mi propia voluntad;-repuso él retirándose hácia el centro de la habitación. -Claro, pero explícate mejor ...... - Este lugar estorba nuestra felicidad, querida Lucía; vas á ser madre, y no quiero que el primer eslabón de nue'3tra dicha halle la vida aquí. -¿Y qué? ...
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