Aves sin nido

158 AVES SIN NIDO ========================== :==============~ ponchos;--y adelantó con resolución al lugar donde le condujeron los alguaciles. El coraz6n d.e la mujer de Isidro no podía tran– quilizarse porque era corazón de mujer, de madre y esposa amante, que todo lo teme cuando se trata de los séres que son suyos; y llamando á su hijo mayor habló así: - Miguel, ¿no te dije cuando rebalsó la olla y se cortó la leche, que alguna desgracia iba á suceder- · nos? - Máma, tambien·yo he visto pasar al cernícalo como cinco veces por los techos de la troge;- repu– so el indiecito. -¿De veras?-preguntó la india cuyo rostro apa– reció velado por la palidéz del terror. -Deveritas, máma, y ¿qué hacemos? -Voy, pues, donde nuestro compadre Escobedo; él puede hablar por nosotros; - contestó la mujer tomando sus llicllas de puito, y salió de la casa se– guida de dos perros lanudos á los que Miguel llamó acompañando cada nombre con un silvido particular. -¿Zambitorr .... &Desertor6J ... ¡is! ¡is! Zambito, dócil á la voz de Miguel, regresó mo– viendo la cola con ligereza, y Desertor inobediente, ó tal vez más leal, siguió las huellas de s~ ama mos– trando la lengua de rato en rato, con la respiración jadeante.

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