Aves sin nido

CLORINDA MA TTO DE TURNER 157 tillas tejidas de hilo de vicuña, y su cabeza cubierta por la graciosa monterilla andaluza traída por los conquistadores, y conservada en uso por la afición que existe entre los ii;idios á los vestidos de fantasía y de colores vivos. La aparición de Estéfano y su séquito en la casa de Isidro, alarmó grandemente á toda la familia, porque, habituados estaban á ver aquella clase de ·vi ~itas como el presagio de fatalidades puestas en ejecución inmediata. Estéfano habló el primero y dijo: - Bueno, pues, Isidro, tienes que ir á la deten– ción, por orden del nuevo Sub-prefecto. Un rayo caído en la q;hoza no habría producido el efecto que la palabra de Benites en los indios rece– losos y suspensos desde que lo vieron. Las mujeres se arrodillaron á los pies de Estéfano empalmando las manos en ademán suplicante, ane– gadas ~n llanto, los hijos se abalanzaban á su padre, y en medio de semejante confusión apenas pudo de– cir Isidro: -¡Niñoy wiracocha, y qué!! ..... . - En vano son estos alborotos, marcha no más, y no tengas miedo; - interrumpió Estéfano, y diri– giéndose á la mujer la dijo:-Y tú tambien que em– piezas con estos gritos; no es nada; vamos á aclarar ·eso de las campanadas, y basta. Al oír esto la conciencia limpia de Isidr<> le in– . fundió confianza y dijo á su mujer: - Tranquilízate, pues, y más tarde llévame los 20

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