Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNER 153 - · Anda, pega un brinco, y díle á doña Rufa que me mande .... francamente una botella, y que apunte. · El indio sali6 y volvió como una exhalación, con una botella de cristal verde y un vaso. Don Sebastian se sirvi6 una raci6n respetable, y la apur6 murmurando la frase sacramental de los que rinden culto á la vid. · -- ccManojito de ·canela en· mi pecho te guardoJ>– dijo, llevó el vaso á los labios, agotó el licor, hizo un gesto medio feo, se limpió la boca aon un extremo de la sobre mesa, y continuó: -Que vengan pues, francamente, aura nos vere– mos cara á cara! .... Lo que bebió don Sebastian no era siquiera un licor de uva; era alcohol de caña de azúcar ligera– mente dilatado con agua, que le dió un viso blan– quizco. Sus efectos debían ser instantáneos; por eso no tardó el brebaje en evaporarse por el organismo, invadiendo la razón en sus asilos cerebrales, y en doblegar al hombre dejando al bruto. Doña PetroniJa observaba con atención las evolu– ciones de su casa, desde la llegada de la nueva auto– ridad, ante quien no se presentó ella; y cuando vi6 entrar al pongo con la provisión de bebida al cuarto de su marido, iba á lanzarse sobre él, arrebatarle la botella y estrellarla contra el suelo. Pero una ráfaga de buen sentido iluminó su espíritu moderando el primer ímpetu, y se dijo: - Nó tatay, mejor aguardaré á Manuelito, que él tiene modos;-y se puso á dar vueltas en el interior

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