Aves sin nido

152 AVES SIN NIDO -¡Ahora sí que nos salvamos, francamente; una vez en la petaca el indio Champí, ya no habrá quien diga cltus ni mus. -Cabales, vamos pues á redactar el oficio. -Qué oficio ni qué purisiniitas, don Estéfano, francamente, váyase usted en el acto con dos algua– ciles, y póngalo preso .que todos han oído aquí la orden del señor Sub-prefecto; - contestó el Gober– nador, y Estéfano salió afanoso y contento en busca de los alguaciles de Gobíerno. t! Don Sebastian qued6 sólo; pero, no estaba con– tento porque pensó inmediatamente en que tenía que presentar nueva batalla doméstica. Su mujer y su hijo no tardarían en esgrimir las armas de las reflexiones y acaso terminarían por desvanecer el nuevo fantasma de ambición, en cuyos brazos dor– mía el sueño de gratísimas ilusiones, ensanchándose el corazón del ex.-Gobernador con las alentadoras promesas del Coronel Paredes y la oportuna salida de Estéfano Benites. ¿Caería derrotado otra vez, tristemente derrotado? Era preciso armarse, levantar trincheras, fabricar reductos y, esperar resuelto. Para esto apel6 don Sebastian al supremo refuerzo de los cobardes, y golpeando la mesa con tono a1tanero, dijo: - ¡ Qué canarios! ¡Francamente, áura ya no me hago el chiquitito yá! ¿Pongo? - gritó con todo el garbo de un hombre dueño de algunas pesetas; voz á que obedeció el consabido indio presentándose en la puerta y á quien ordenó don Sebastián:

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