Aves sin nido

AVES SÍN NÍDÓ -¿Eso está probado ya en el expediente? - pre· guntó con vivo interés el Sub-prefecto. -Sí, usía, y hasta ahora no se toma ninguna me– dida con el indio campane~o, y están comprometidos solo los nombres de personas respetables; - repuso Estéfano, y don Sebastian agregó listo: · -Mi Coronel, francamente, sin la ocurrencia del campanero no habría habido nada; porque tambien, francamente, don Fernando es buen hombre no más. -¿Y quién es el campanero?- dijo don Bruno. -Un indio Isidro Champí, usía, muy liso y muy metido á gente, porque tiene bastantes ganados; - repuso E seobedo. . - Pues, mi Gobernador, ahora mismo, ponga un oficio al Juez excitando su celo; ordene usted la cap– tura de Isidro Champí, y p6nga1o en la cárcel á dis– posición del juzgado;· y ... á mi regreso arrPglare– mos;-dijo el Coronel. - Eso es, hay que proceder con energía y con justicia;-observó Estéfano. - Muy magnífico, mi Coronel, francamente, tam– bien el indio Champí debe pagar su culpa;-apoyó don Sebastian. - ¡Bien! y ahora á las órdenes de ustedes. ¿Mi caballo?- dijo el Coronel saliendo á la puerta de la sala. Durante aquellos acuerdo3, los agentes y comisa– rios de don Sebastian habían preparado un gran acompañamiento para la salida del nuevo Sub-pre– fecto; y en el patfo de la casa aguardaban ya mu·

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