Aves sin nido
144 AVES SIN NIDO Lucía hizo un ligero aparte con su esposo, que acercándosele permanecía de pié junto á ella; y Ma– nuel aprovechó de esa pequeña distracción para en– tregar á Margarita su ramillete de violetas, dicién– dola con voz apagada, y muy ligero: -:Margarita, estas flores se parecen á tí; quisiera encontrarte siempre modesta como ellas. Guárdalas. Marga rita tomó con ligereza el ramillete y lo es– condió en el seno con la ajilidad infantil que hace ocultar el juguete codiciado por otro niño. ¿ Por qué el amor se inicia con ese sigilo instinti– vo? ¿ Por qué .brota la flor de la simpatía entre la maleza del egoismo, del .disimulo y de la ficción? ¿ Quién había podido decir á Margarita que era ac– ción vedada aceptar las flores de un jóven, ofrecidas con el rocío del afecto? ¡Ese es el misterio de las almas! Se lo dijo el fuego de las pupilas de l\f anuel, que partiendo de sus ojos fosforescentes fué á incendiar el corazón de la niña, corazón de virgen que comenza– ba á sentir esos ligeros estremecimientos que pasan– do inadvertidos al principio, acaban por dejar temblo– rosa en las pestañas la lágrima que arranca el amor. ¡Lágrima de felicidad! Lágrima qne anuncia al corazón la hora del sen– tir; lluvia que rocía la flor do las esperanzas. El corazón de la mujer es corazón de niña desde que nace hasta que muere, si no lo han helado las dos únicas tempestades terribles: la incredulidad y la depravación.
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