Aves sin nido

CLORfNDA MATTO lJE TU.RNER 143 -¡Don Fernando! tengo el alma herida y cada nueva de estas pone el dedo en la llaga. ¡Ah! si yo pudiese arrancar á mi madre! - dijo el j 6ven con– movido colocando sobre la mesa una ficha del table– ro de Margarita, que por distracción tenía entre las manos. - Por esto Manuel, hemos resuelto mandar á las chicas á educarlas á otra parte;- dijo Lucía intere– sándose en la conversación. -Y ¿qué lugar han elegido ustedes? - preguntó Manuel vivamente interesado. -Lima, por supuesto;-respondió don Fernando. - ¡Oh, sí, Lima ! allá se educa el corazón y se instruye la jnteligencia; y luego, creo que Margarita, en un par de años hallará un buen esposo; Con esa cara y esos ojos no se alarga ningún solterío;-dijo Lucía riendo á satisfacción; pero Manuel, palide– ciendo, volvió á preguntar: - ¿ Han resuelto ya ustedes la fecha del viaje de las chicas? - No está aún resuelto el día, pero, será en todo este año; - contestó don Fernando, poniéndose de pié y dando algunos paseos. - Viajar á Lima es llegar á Ja antesala del nielo, y ver de abí el trono de la Gloria y de ]a Fortuna. Dicen que nuestra bella capital es la ciudad de las Hadas; - respondió Manuel disimulando sus emo– ciones; y desde aquel momento se fijó en su mente la idea de ir tambien á Lima en seguimiento de Margarita.

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