Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TU~NER 9 granizo y relámpagos, y descargada Ja atmósfera dejaba aspirar ese olor pecnli~r á ]a tierra mojada en estado de evaporación: el sol más riente y rubi– cundo asomaba al horizonte dirigiendo sus rayos oblicuos sobre las plantas que, temblorosas lucían la gota cristalina que no alcanzó á caer de sus· hojas. Los gorriones y los tordos, esos alegres moradores de todo clima frío, saltaban del ramage al tejado entonando notas variadas, y luciendo sus plumas reverberantes. · Auroras de Diciembre, espléndidas y risueñas que convidan al vivir; ellas sin duda inspiran al pintor y al poeta de la patria peruana. II. En aquella mañana descrita, cuando recien se levantaba el sol de su tenebroso lecho haciendo brincar, á su vez, al ave y á la flor, para saludarle con el vasallaje de su amor y gratitud; cruzaba la plaza un labrador arreando su yunta de bueyes, cargado de los arreos de labranza y ]a provisión alimenticia del día. Un yugo, una picana y una coyunta de cuero para el trabajo; la tradicional cllUspa, · tegida de co– lores, con las hojas de coca y los bollos de llípta para el desayuno. Al pasar por la puerta del templo, se s::icó reve– rente la monterilla franjeada, murmurando a]go se– . mejante á una invocación; y siguió su camino, pero,

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