Aves sin nido

8 AVES SIN NlDO En la acera izquierda se alza la habitación común del cristiano, el templo, rodeado de cercos de piedra, y en el vetusto campanario de adobes donde el bron– ce llora por los que mueren y ríe por los que nacen, anidan también las tortolillas cenicientas de ojos de rubí conocidas con el gracioso nombre de cullcu. El cementerio de la iglesia es el lugar donde los días domingos se conoce á todos los habitantes solí– citos . concurrentes á la misa parroquial y allí se miente y se murmura de la vida del prójimo como en el tenducho ó en la era, donde se trilla la cosecha en medio de la algazara y el copéo. Caminando al Sur media milla, escasamente me– dida, se encuentra una preciosa casa-quinta notable por su elegancia de construcción que conkasta con la sencilléz de la del lugar: se llama e<Manzanares,» fué propiedad del antiguo cura de la doctrina don Pedro de Miranda y Claro, despues Obispo de la diócesis, de quien la gente deslenguada hace refe– rencias no santas, c0mentando hechos realizados durante veinte años que don Pedro estuvo á la ca– beza de la feligresía, época en que construyó ccMan– zanares,» destinada, después, á la residencia veranie– ga de su Señoría _ Ilustrísi~a. El plano alegre rodeado de huertos, regado por acéquias que conducen aguas murmuradoras y cris– talinas; las cultivadas pampas que le circundan y el río que le baña; hacen de Killac una mansión harto poética. La noche anterior cayó una lluvia acampanada de

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