Aves sin nido
CLOllI~bA MA'l''.l'O bl; TUltNER 141 ----========= - Así la cosa, francamente, ya varía de cara; - i·epuso don Sebastian acercándose más á <3U inter– locutor~ -¡Y qué! ¿me ha. creído usted un tonto, don Se– bastian? yo sé que cuando se alquila una vaca le– chera se devuelve bien exprimida. ¿Acaso han sido pocos mis empeños para conseguir esto? -Esa es mucha verdad, mi Coronel, tantos tísi- cos no engordan aquí ......... ? pero, á todo esto, francamente, y eso del juicio de la tal asonada ... -¿Lo del juicio? ja! ja! ja! ¡Cómo se conoce que es usted bisoño, serrano á las derechas! Tenien– do miedo al juicio, sí, señor, déje usted que sus ta– taranietos digan de nulidad, y no pensemos más en el juicio. -Mi Coronel, francamente,-usted me ensancha!. .. -Y ¿qné es del cura Pascual? -Nuestro cura, mi Coronel, ha ido á la ciudad á convalecer; francamente, casi se nos mue.re. -Lo siento, pues el curita habría sido un buen apoyo para nuestros proyectos; tenemos que juntar buenos soles este año ;-dijo don Bruno ~acando am– bas manos de los bolsillos. - ¡Cómo nó, pues, mi Coronel! francamente, el cura. Pascual nos convenía, tan bueno, tan condes– cendiente como ésI - ¿Y sigue enamoradizo ........ ? -Eso, mi Coronel, maña y figura hasta la sepul· tura, y francamente> tambien uno es hombre ... -Sí, señ_or, uno es hombre. ¿Y Estéfano Benitas, li
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