Aves sin nido

CLORINDA MAT'l'O DE TURNER 139 que modesto, cuando reía á carcajada descompuesta dejaba ver la ·dentadura ajena por debajo de sus Já– bios resguardados por unos mostachos atuzados en forma de cepillo. V es tía pantalón negro, chaleco azul cerrado hasta el cuello por botones amarillos de la patria, que tambien lucía, aunque más gran– des, en el levita de pano ca.fé oscuro con enormes presillas de Coronel; y gastaba un sombrero faldón de paño negro, con un erraje de caballo en miniatu– ~a como remache del cintillo ancho, de gro rayado. Nunca hizo ninguna clase de estudios· militares, es verdad; pero las circunstancias le pusieron los galo– nes el día ménos pensado, y él tampoc0 cometió la candorosidad de despreciarlos. Su instrucción peca– ba de pobre y su habla se resentía de pulcr itud; A su llegada á K íllac se puso en relación inmed.ia– ta con su antiguo camarada, don Sebastian, á cuya casa se dirigió; supo los acontecimientos ocurridos en la población, y sostuvo el sjguiente diálogo, don– de rebosaba la confianza de otras épocas. -¡Qué diantres! y ¿usted, mi don Sebastian, todo un hombre que viste calzones se ha dejado manejar por un muchacho de escuela como és Manuelito? pues, no faltaba más. -Mi coronel, francamente, declaro á usted que no se puede de otro modo. Ese muchacho me ha reflexionado como un libro, y Petruca ha remacha- <lo el clavo con sus lloros ..... . -¡Bonita va la cosa! Llévese usted de lloros de mu– jeres, y veremos cómo anda la Patria. N 6 1 señor: us·

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