Aves sin nido

CLORJNDA MATTO DE TURNER 137 -A algo más llega mi audaci~, señora; quisiera grabarlo en el corazón; .- contestó Manuel en tono de broma. Margarita no apartaba la vista del tablero. Sin arriesgar apuesta, parece que podíamos asegurar que ya sabía combinar aquellos dos nombres. Ma– nuel se encontraba emocionado por el jiro que to– maban las cosas, y como quien disimula preguntó: -Señora, ¿don Fernando no está en casa? -Sí está; cabalmente á la entrada equivoqué á usted con él, y ·no debe tardar. Pero á todo esto ¿por qué se ha alejado usted de casa? - preguntó Lucía. -Señora, no quiero enfadarla con explicaciones doloro~as; he creído prudente hacerlo mientras du– ran estos asuntos judiciales. -Es usted precavido, Manuel, pero nosotros que estamos al corriente de todo, que usted nos salvó ... -N 6 por ustedes, sino por los demás,-se apre– suró á decir Manuel, sin desatender. el interés que Margari~a manifestó' para oír las palabras dE? su madrina. En estos momentos entró don Fernando, colocó su sombrero en una silleta y alargó la mano á Ma– nuel, quien se puso de pié para recibirle.· III El cura Pascual salvó milagrosamente del ataque de tjfoidea que le tuvo siete días postrado en el le-

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