Aves sin nido
136 AVES SIN NIDO -Razón demás para que ustedes hayan vivido á toda hora en mi memoria y en mi corazón ;-repuso el jóven fijando la vista en Margarita, á quien salu– dó en ese momento, diciéndole: - Y, ¿cómo está la dichosa ahijada?-Y tomó la diminuta mano que al rozar la suya produjo para ambos jóvenes el efecto del contacto de dos almas. - Bien, Manuel, ya conozco todas las letras del tablero; .- contestó la niña sonriendo de con– tento. -¡Bravísimo! -Parece broma, pero cada día me siento más sa- tisfecha de mi ahijada ¿ no?-dij o Lucía mirando á la huérfana. -¿A ver? quiero someterte á exámen;-dijo Ma– nuel tomando la caja. Y vaciando las fichas comen– zó á escoj er letras enseñándoselas á Margarita. - ...\.,X, D, M,-decía la niña con viveza encanta– dora. -Aprobada,-dijo riendo Lucía . -Ahora ya debes combinar, yo seré tu maestro; - · propuso Manuel, tomando seis letras, y despues nueve; y colocándolas en orden, dijo: -¡Míra !. ..... y le hizo deletrear: -M.A.RGARI'l'A, MANUEL. Lucía conoció la intención de Manuel y con tono amable, acompañado de una sonrisa, le dijo: - · Buen maestro, no se desentiende de sus intere– ses, quiero grabar su nombre en la memoria de las discípulas.
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