Aves sin nido
CLOlUNDA MATTO DE TUR:ÑER 135 dan<lo las últimas puntadas á una relojera de raso celeste en que ;había bordado con sedas matizadas de colores una flor no rne olvides con las iniciales de su esposo al extremo. Cerca de ella estaba Margarita, más linda que nunca, con su cabel1era suelta sujeta á la patte de la frente con una cinta de listón, y se ocupaba de acomodar en una caja de cartón las fichas del TA– BLERO CONTADOR en el cual ya conocía todas las 1etras. Hosalía junto con una muchachita de su edad reía, lo más alegn~ del mundo, de una muñeca de trapo á la que acababan de lavar la cara con un re8to de té que había en una taza. M·anuel se quedó extasiado por algunos segundos contemplando aquel hermoso cuadro de familia, · donde Margarita representaba para su corazón el ángel de la Felicidad. Lucía volvió la cabeza creyendo encontrarse con don Fernando, pero, al ver á Manuel, dijo sorpren– dida y dejando su labor: - ·¡Ah! ¿éra usted, Manuel? -Buenas noches, señora Lucía. Y, ¡cómo· se ha sorprendido usted con mi presencia! ¿si iré á morír– me? - repuso Manuel con ademán alegre, descu– briéndose y dando la mano á la eeñora Marín. -N') diga usted eso; si me hé sorprendido es por que usted se ha perdido tantos días; - contestó con amabilidad la esposa de don Fernando correspon– diendo la salutación de Manuel, é invitándole un asiento con la inauo.
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