Aves sin nido
132 AVb ::.l N N1i>O -Ajá, ya rneiba olvidando, ponga usted el decre– to fuerte. Autorizó el juez, y Benites redactó en seguida una especie de auto de embargo de las vacas, ovejas y ·alpacas d~ Isidro Champí, campanero de Kíllac, para quien aquel ganado representaba la suma de sacrificios sin nombre, soportados por él y su familia durante su vida. Despues de escribir consultó Esté– fano al Juez y dij0: -El depositario que exije la ley puede ser nues– tro amigo Escobedo, es persona abonada, honrada y toda nuestra, señor Juez. -¿Escobedo? ... -repitió don Hilarion ·rascándo– se la oreja, y despues de una ligera .pausa,-sí, sies– tá bién, ponga usté á Escobedo;-respondió Verdejo ordenando los papeles desparramados sobre la mesa y tomando en seguida su sombrero para salir .... II La situación de Manuel era de las más complica– das. Encerrado en su cuarto por largas horas, durante el día y casi toda la noche, se decía en frecuentes soliloquios: -Por ~ucho que el nombre de don Sebastian no conste todavía en los autos, él está repetido de bo-
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