Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 129 qúien ·recibió el Juez alargándole la mano y dicién– dole: . - Usté perdonará mi señor don Fernando que lo haiga hecho venir .paaá; yo hubiese ido pallá; pero, el señor Jués de istancias .... ... . - Nada de excusas, señor Juez, está muy en orden;·-contestó el señor Marín, y don Hilarión co– menzó la lectura de algunos documentos que- per– suadieron á don Fernando, una vez más, de que se– ría risible de ·su parte proseguir aquel juicio dig– no de ser tratado por gente séria. -¿Vamos á la actuación, señor Juez ?-preguntó don Fernando. -Esperemos otro poquito, mi señor; no tardará mi plumario pa q_uescriba;-repuso Verdejo algo turbado, acomodando su· sombrero en una esquina de la mesa y dirigiendo miradas ansiosas hácia la puerta por donde, al fil)., apareció Estéfano Benites llevando la pluma sobre la oreja derecha. Saludó muy de prisa y arrastrando una silleta, dijo: -Mucho me hé tardado, señor; usted dispense;– tomando al mismo tiempo la pluma, sopándola en el tintero y colocándose en actitud de trasladar al papel que tenía delante el dictado de don Hilarión, que dijo ·-Ponga usté el encabezonamiento don Estéfano, con buena l~tra, qués cosa de nuestro amigo el se– ñor Marín. Benites, despues de llena~ algunos renglones, contestó: -Ya está, señor.
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