Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 12s La voz del párroco estaba ahogándose; gruesas gotas de sudor corrían por su frente y su mirada in– fundía más que respeto, miedo. -Cálmese, cura Pascual, ¿ á qué tanta exalta– ción ? - dijo don Fernando con ademán compa– sivo, á la vez que con la fisonomía demudada por la sorpresa, pues aquel que tenía delante no era el cura Pascual que vió y trató tantas v~ces; era el león despierto del letargo con el dolor de una herida mortal, desgarrándose sus propias entrañas. -La revelación de Marcela-dijo el cura por toda respuesta, tapándose la cara con ambas manos, y volviéndose á descubrir para levantarlas al cielo co– mo sobrecogido de espanto. Eran horribles,. acaso de magnitud y trascenden– cia aquellas palabras de la revelación sacramental? Indudablemente. Cualesquiera que ellas fuesen, cayendo sobre un ánimo ya preparado por el terror que le infundió el resultado de la asonada, y la sobreexcitación cere– bral producida por el licor y los placeres que apuró en brazos de Melitona, agregándose á esto las pala– bras que lanzó Manuel como un tremendo reto; todo debía producir su estallido. En tales situaciones el .hombre vá á los dos extre– mos de la vida social: la virtud ó el crímen. Pero el pobre organismo del cura estaba gastado totalmente, y la reacción para el bien no podía ser indicio de perseverancia. Aquel era el delirium tre– mens que asalta el cerebro, mostrándole fantasmas •
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