Aves sin nido
122 AVES SIN NIDO acontecimientos iniciados · con la intervención del juzgado; pero el señor Marín era hombre de mundo, conocedor del corazón humano, y en la actitud del cura Pascual vió una fáz diferente de la que el vulgo veía, y dijo para sí: -Esta es la explosión del susto, el sacudimiento nervioso que produce el miedo; _yo no puedo tener fe en las palabras de este hombre. Mientras tanto el cura Pascual, como adivinando por intuición el pensamiento del señor Marín, dijo á éste: -No quiero detenerme don Fernando. Las reso– lueiones acompañadas de vacilación se desvirtúan. He sido más desgraciado que criminal. Mienten los que, sentando una teoría ilusoria, buscan la virtud de los curas lejos de la familia, arrojados en el cen– tro de las cabañas, cuando la práctica y la experien– cia corno dos punteros de la esfera, que han de se– ñalar infaliblemente la 4ora, nos marcan que, es imposible conseguir la degeneraci6n de la natura– leza y del hombre. -Usted ha podido ser un sacerdote ejemplar, cura Pascual;-contestó el esposo de Lucía casi apoyando las últimas palabras de su interlocutor. -Sí, en el seno de la familia, don Fernando, pero, hoy, i puedo decirlo delante de usted ! sólo, en el apartado curato, soy un mal padre de hijos que no han de conocerme, el recuerdo de mujeres que no me han amado nunca, un ejemplo triste para mis feligreses. ¡Ah! ........ .
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