Aves sin nido

120 AVES SIN NIDO Todos quedaron estupefactos, y miraban al cura Pascual creyendo que estaba loco. Pero él sin darse cuenta continuó: -No creáis que en mí hubiese muerto la semilla del bien que deposita en el coraz6n del hombre la palabra de Ja madre cristiana. Desdichado el hom– bre que es arrojado al desierto del curato sin el am- paro de la familia! ¡ Perdon ! ¡Perdón!. ............. . Y volvió á caer de rodillas entrelazando las manos en actitud suplicante. -Desvaría,-dijo uno. -Se ha vuelto loco,- observaron. otros. . Don Fernando adelantando varios pasos, tomó del brazo al cura Pascual, lo levantó y le condujo á su escritorio 6 cuarto de trabajo, para ofrecerle un descanso. Lucía dirigiéndose á los presentes, dijo: -¡Dios mío .... ,, .... pero ......... ¡Vámos ! deje-. mos en paz á quien no es yá de aquí: ~-y señaló al cadáver de Marcela. Manuel to~ando de un brazo á Margarita, contes– tó con voz dulce; -Señora, si Marcela ha partido al cielo arranM cando lágrimas, esta niña viene de allá infundiendo esperanzas ! !.... -Dice bien Manuel. Margarita, $i no pude hacer felices los días de tu madre, haré colmados de dicha los años de tu existencia: ¡tú serás mi hija!-repuso Lucía dirigiéndose á la huérfana. Aquellas palabras cayeron como lluvia vivificante

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