Aves sin nido
CL01UNDA MA'i "lü DE '.1'URNER 115 como un niño; Manuel palideció secándose el copio– so sudor que invadí~ su frente; y la voz desesperada de Margarita llegó á todos: -¡Misericordia!. .. madrina, padrino favor! .... -¡Vamos!- dijo Lucía poniéndose de pié con la velocidad del pensamiento, y ordenando á l<;>s pre– sentes con la viEta. Todos corrieron junto al lecho de la esposa már– tir, cuya vida se extinguió en_ un suspiro, resbalan– do por sus mejillas la última lágrima blanquecina con que se dá el adiós al valle del dolor. Marcela acababa de volar á las serenas regiones de la paz perdurable, dejando su vestidura mortal, para que el hombre discuta en su presencia la teoría de la descomposición orgánica que proclama la NADA, y los principios de la perfección mecánica movida por un ALGO, cuyo comieu'zo y cesación de funciones reclama una mano constructora, revelando al Autor de la Naturaleza. ¡Ahí estaba el cadáver! Y don Sebastian y el cura Pascual, los Ú'nicos res– ponsables de las calamidades ocurridas en Kíllac. presentes ante los despojos de la muerta. XXIV La chismog.rafía y los comentarios corrían de boca en boca, exactos unos, desfigurados los más; y los
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