Aves sin nido
114 AVE.S SIN NIDO puro, n0 tarda en manifestarse constituyendo la fe– licidad de la familia, y como consecuencia lógica, la felicidad social. -¿Y sus fuerzas serán suficientes, j óven Manuel? ¿cuenta usted con otros apoyos á más del que le ofrece su madre y le brindamos nosotros sus ami– gos?-preguntó don .Fernando deteniendo .el paseo que daba en esos momentos, y botando á la puerta un pedacito de papel que estaba estrujando como una pelotilla durante la discusión. Lucía cruzó los brazos como cansada, y don Se– bastian permanecía firme como un palo plantado bajo su capa histórica. -Cuento con que este pueblo no ha tocado en la abyección, sus masas son dóciles; me lo ha probado el suceso mismo que lamentamos, y me parece fácil guiarlo por el buen sendero;-repuso Manuel con calor. . -No contradigo á usted, Manuel, pero ...... -El error tambien tieBe remedio, francamente, mi señor;-aventuró á decir don Sebastian. -Es claro, cuando ese error no ha traspasado los dinteles de la eternidad; don Seba(jtian: tenemos siete heridos, cuatro muertos, y la desventurada Marcela próxima á espirar dejando á sus hijas; en suma, huérfanos, viudas ........ . -¿De qué modo rectificará usted esos errores? -preguntó Lucía enderezando los pies y saliendo en apoyo de su marido. Don Sebastian se tapó la cara con ambas manos
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