Aves sin nido
etoRINDA MAT'tU DE TURNEll 109 rancia. El triunfo consiste en no dejarse enterrar!.. .. Margarita apareció en la puerta como un meteoro, gritando: -Madrina, madrina, mi madre te llama. -Allá voy;-contestó Lucía,-y dirigiéndose á su marido con una palmadita en el hombro: -Adios, hijito - dijo; echóse á andar hácia la habitación de Marcela. Esta se encontraba medio sentada., apoyada en Vf!l.rios almohadones de cotí rosado. Al ver á Lucía se le llenaron los ojos de lágrimas y con voz desfa– llecida y entrecortada, exclamó: N . .., ' · r 1 • - may ...... voy a .... monrme .... ay....... mis h .. ' 1 · ·a · ' b I IJaS......... pa ornas sm m o .... , sm ar o ......... y . d ' ' s1n ......ma re ....... ay ........ . . - Pobre Marcela, estás muy débil, no te agites! No quiero ahora repetirte discursos par a probarte los misterios de Dios, pero, tú eres buena, tú ... eres cristiana,-dijo Lucía arreglando las cobijas de la cama un tanto rodadas. S ' ·- l - i ..• n1nay. ........ . , -Si te ha llegado tu hora, Marcela, parte tran- quila! Tus hijas no son las aves sin nido: ésta es su casa, yó seré su madre! ........ . -Dios .... te pague! ... quiero .... revelarte ... un se- creto ... para que ... se pierda en tu corazón.... hasta la hora precisa ;-dijo la enferma esforzándose para hablar seguido. - ¿Qué? - preguntó Lucía acercándose más. Y Marcela, aplicando sus lábios casi helados á los oídos 14
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