Aves sin nido
108 AVl!:5 SlN NlI>O dijo Manuel reparando en que había un testigo, é inclinándose salió. El cura fué á tomar su sombrero, y mirando á Manuel que se marchaba, dijo con desprecio: -¡Pedazo de masón ! En seguida fué á destapar ·el plato que había pre· servado del aire y oliéndolo murmuró á media voz: -Se me ha enfriado el pichoncito ...... en fin, al regreso lo tomaré. XXIII Los esposos Marin no omitían gas.tos ni asistencia esmerada, para alcanzar la. salvación de la enferma, pero desgraciadamente ésta empeoraba por grados, acortándose los mamen tos de su vida. Lucía encontrábase en · aquella hora junto á don Fernando, con quien platicaba en dulce intimidad, y le dijo: - ¿ Qué misterios son estos, Fernándo? Marcela llegó á nuestro hogar tranquilo y dichoso en busca de un amparo que halló en nombre de.la carid~d; nosotros .nos gozamos en el bien, y de estas acciones buenas, elevadas y santas, ha resultado el infortunio de todos 1.. .... -Acuérdate hija que la faena de la vida es de lucha, y que la sepultu~a del bien la cava la igno-
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