Aves sin nido

106 AVES SIN NIDO hombre sino el hombre quien dignifica ese hábito . que, así cubre á buenos sacerdotes como á ministros indignos;- · replicó ·Manuel. -¿Y qué pruebas tendrá usted para semejante acusación? -Todas las que un hombre necesita para acusar á otro hombre; - repuso con llaneza el jóven. - Y si' en mi lugar se encontrase usted con otra persona ante cuya presencia tuviese que bajar la cabeza aveq;onzado? -. dijo él cura Pascual tirando sobre la mesa el tenedor que aun conservaba en la mano, ·y creyendo haber dado un golpe decisivo á Manuel; pero éste sin perder su serenidad respon- dió con aplomo: . -Esa persona á quien usted alude, señor cura, ha sido infeliz máquin~ d_e usted, como han sido los otros~. . . . . . . -¿Qué dice usted, colegial?-dijo colérico el cura, por cuya mente cruzó la duda de esta forma.-Si le habrá revelado el bergant~ de Pancorbo? .... -Lo que usted oye, señor cura, y seamos bnwes; - . agregó Manuel. -Más breve será usted marchándose;-contestó el cura colérico. -Antes de tiempo, antes de llenar mis propósitos, no lo espere usted, señor cura. - -¿Y qué es lo que pretende usted?-preguntó el párroco cambiando el tono de la voz, y dominando sus ímpetus de cólera. -Que usted y don Sebastian reparen el da.ño que

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