Aves sin nido

98 AVES SIN NIDO gl:índolos yo misma ¿quién había de cocinar para . h"' ? ml IJO .••••••••• -Gracias, maure. Despacha esa golosina al hor– no y óyeme en tu cuarto;-dij,o Manuel para cuyo corazón fué un bálsamo aquella sencilla escena de familia, diciéndose en seguida al caminar hácia la habitación de doña Petronila: -¡Benditas las madres! Quien no ha sentido los mimos y las caricias de su madre, ni recibido los besos de la que nos llevó en su seno, ¡oh! no sabe lo que es amor. Entrado en la alcoba arrastró una silleta junto á la mesa, se sentó en ella con fuerza, ap')yó los codos y dPjó caer la cabeza en la palma de las manos, en actitud meditabunda. ¡Qué combinaciones· las que hacía! Todos los hilos que tomó en las inves ti gaciones practicadas con las personas que á él se asociaron le conducían á entrever á los verdaderos autores del asalto armado á la casa de don Fernando Marín; y allí se destacaban las figuras de .·don Sebastian, el cura Pascual y Estéfano Benites! Llegó doña Petronila y dando una palmada en el hombro de Manuel, dijo: -¿Te has dormido Manuelito? Manuel dejó caer los brazos sobresaltado, alzó los ojos y fijándo_los con cariñosa expresión en su ma– dre se puso de pié y la contestó: -Nada de eso, madre; el espíritu intranquilo solo va á la vigilia. Siéntate, hablaremos,-y arras-

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