Aves sin nido
CLORINDA MATTO DPJ TURNER 97 XXI Manuel no tuvo ni una hora de descanso verda– dero desde que se iniciaron los funestos aconteci– mientos que traían conmovida á la población de Killac. Luego que ordenó la traslación de Marcela á casa de Lucía y la presenció en partes, se consagró á practicar averiguaciones prudente8, empleando para ello la sagacidad, patrimonio que deja la buena edu– cación de un colegio sistemado y celoso. Por esta mh~ma prudencia, huía de una inmediata explica– ción con don Sebastian, y se impuso alejamiento · momentáneo de casa del señor Marín. Pero tod9 acontecimiento va á su desenlace. Una mañana, al regresar á su casa., taciturno y caviloso, absorbido por una sola idea, halló á su madre preparando unos suches que, ahiertos medio á medio con su respectiva provisión de pimienta, cebollas picadas, sal, ají y manteca, extendidos en una sartén de barro, aguardaban ir al horno para su cocimiento. Al ver á su hijo doña Petronila, dijo: -Manuelito, cómo te gustaban los suches asados al horno! ¿ recuérdas, tatay? por eso estoy arre-
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