Aves sin nido

94 AVES SIN NIDO un responso sobre la tumba de Juan Yupanqui, co– mo no lo tuve yó para colocarle su humilde cruz de palo,-contestó don Fernando torciéndose el bigote. -¿Acaso ignorará los pormenores .del asalto que hemos sufrido? -¡Que lo ignore! estás disparatando hija. Yo lo creo complicado. -¿Sí? No faltaba más para renegar de estos hom– . bres! ¿Y los jueces ?-insistió Lucía indignada. -Los jueces y las autoridad~s, han tomado al– gunas medidas como las de DEPOSITAR las piedras hacinadas en nuestras puertas como cuerpos del de– li to;-contestó don Fernando riendo y dando en seguida á su fisonomía un gesto de tristeza que re– velaba su honda decepción; a_caso el excepticismo que todos aquellos acontecimientos .hacían nacer en su cora~ón noble y justiciero. Conversando así, atravesaron los esposos Marín el pasadizo que conduce de una vivienda á otra, y llegaron al cuarto de Lucía donde s·e sentaron fron– terizos; Lucía en el sofá y don Fernando ~n un sillón, recostándose y cruzando las piernas; dijo éste á su esposa: -Voy á molestarte, hija; creo que hay un poco de chic.~ha de quínua con arróz, dame un vaso. -Al momento, hijito,-repuso Lucía poniéndose de pié y saliendo de la habitación. Un minuto despues vol vía la señora de Marín con un vaso de · cristal colocado en un platillo de loza, conteniendo una leche espesa espolvoreada con

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