Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 95 canela molida, que provocaba por la vista y el olfa– to, y lo presentó á su marido. Don Fernando apuró la chicha con avidéz, puso el vaso sobre la mesa, limpió sus bigotes con un pañuelo perfumado, y volvió á su primitiva actitud, diciendo á Lucía: -Qué bebida tan confortable, hija. No sé cómo hay gentes que prefieren á esta cerveza del país Ja tan horrible. -De veras, hijo; yo no puedo ver esa cerveza que hacen donde Silva y Picado. -Y volviendo á recordar al pobre Juan, sabes, hija, que ese indio me ha despertado aún mayor inte– rés despues de su muerte? Dicen que los indios son ingratos, y Juan Yupanqui ha muerto por gratitud. - Para mí, no se ha extinguido en el Perú esa raza con principios de rectitud y nobleza, que ca– racterizó á los fundadores del imperio conquistado por Pizarra. Oti:a cosa es que todos los de Ja calaña de los notables de aquí, hayan puesto al indio en la misma esfera de las bestias productoras,-contestó Lucía. -Hay a]go inás, hija,-dijo don Fernando, está probado que el sistema de alimentación ha degene– rado las funciones cerebrales de los indios. Como habrás notado yá, estos desheredados rarísima vez comen carne, y los adelantos de la ciencia moderna nos prueban que la actividad cerebral está en rela– ción de su fuerza nutritiva. Condenado el indio á una . alimentación vegetal de las más extravagantes, vi-
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