Aunque Cobo relata que los incas impusieron esta división a través de todo su imperio, se desconoce si esta división era aplicada de la misma manera a las propiedades reales como Ollantaytambo. Si fuera de esa manera, se desconoce si esta división social tuvo un referente espacial. Garcilaso de la Vega menciona que, en el Cuzco, la división fue demarcada mediante el camino del ’Antisuyu, que corría hacia el este de la Plaza de Hawkaypata, a lo largo de las actuales calles del Triunfo y Hatunrumiyoq, con el hanan Cuzco ubicado al norte y el hurin Cuzco al sur (1976 [1609]: vol. II, libro VII, cap. VII, 101). Pero Garcilaso debió equivocarse, pues es evidente, a partir de la lista de lugares sagrados hecha por Cobo, que la división tradicional se efectuaba en el Qorikancha y no en Hawkaypata. 18 En los asentamientos donde pudo trazar la línea divisoria entre ambas mitades, Rowe no pudo encontrar ninguna indicación física que la marcase (comunicación personal). De ser así, la clara división física existente en Ollantaytambo, marcada por distintos tipos de mampostería y diferencias en arquitectura, así como las divisiones observadas en otras propiedades reales de Pachakuti, tales como los complejos de Machu Picchu, Wiñay Wayna y Patallaqta, claman por una explicación. Estas divisiones serán examinadas con más detalle en la sección de las conclusiones. La división física en dos sectores, la existencia de dos plazas y la presencia de grandes vestíbulos en una de ellas (Gasparini y Margolies 1980: 67), así como alguna forma de patrón regular de las calles y manzanas, fueron elementos estándares de muchos de los asentamientos planificados incaicos. Observándose el plano de Ollantaytambo, se puede caer en la tentación de afirmar que estas manzanas se derivaron del trazado reticular intencional sobre el terreno, como en las ciudades contemporáneas en Norteamérica. Pero no es el caso: las manzanas son el resultado de una manera particular de disposición de los edificios — la kancha— que se discutirá en la siguiente sección. El plano reticulado fue la manera más conveniente de acomodar la kancha en un terreno casi plano, como en Ollantaytambo. En condiciones menos apropiadas, el reticulado se modificaba a fin de ajustarlo a las particularidades del lugar, como en el Cuzco y Patallaqta. En terrenos más accidentados, tal como en Machu Picchu y Wiñay Wayna, el diseño reticular desaparecía, pero la kancha se mantenía, incluso si para ello debía ajustarse y alterarse para darle cabida en el espacio disponible. 78
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