Arquitectura y construcción incas

de edificar, porque quería que las obras que se labrasen en el Cuzco fuesen de aquel género de labor» (Cobo 1964 [1653]: vol. II, libro XII, cap. XIV, 82). Los albañiles incaicos aprendieron bien su lección y desarrollaron sus habilidades a un nivel tal que se convirtió en un arte no superado por otros en ningún otro tiempo o lugar. Para construir sus mejores piezas fueron a lugares lejanos a fin de encontrar las piedras con las propiedades mecánicas deseadas y las texturas y colores de piedras más apropiados. Para el templo principal en Ollantaytambo no escatimaron esfuerzos en construir una enorme infraestructura de caminos y de aprovisionamiento de agua, muchas veces mayor en volumen que la obra final, tan solo para proveerse de cierto tipo especial de riolita rosada que únicamente se consigue en la parte alta de un flanco de montaña ubicado en la margen izquierda del río Urubamba,14 a cerca de 5 kilómetros al suroeste del poblado. Las canteras de Kachiqhata (Fig. 1.18), de donde proviene la riolita rosada, fueron abandonadas probablemente al mismo tiempo que Manqo ’Inka se retiró de Ollantaytambo rumbo hacia la zona de Vilcabamba y han permanecido intactas desde entonces. Debido a su excelente estado de conservación, estas canteras son un componente significativo en el complejo arqueológico de Ollantaytambo. No solo el trazado de su infraestructura habla de las habilidades de planificación y organización de los constructores incas, sino que, además —como se discutirá en los próximos capítulos— revelan mucho acerca de las prácticas de extracción de material y cortado de las piedras, y permiten un acercamiento a la organización de la mano de obra. 60

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