Arquitectura y construcción incas

Fig. 1.1. Ollantaytambo se encuentra en la confluencia de los ríos Urubamba y Patakancha. La boca del valle de Patakancha y el poblado actual de Ollantaytambo se encuentran al centro de la fotografía Hoy en día, el valle del Urubamba entre Pisaq y Ollantaytambo es referido con frecuencia como el Valle Sagrado de los Incas y es, de hecho, un valle extraordinario. Nadie lo describe mejor que Garcilaso de la Vega, ilustre hijo de una princesa inca y un conquistador español: «Aquel valle se aventaja en excelencia a todos los que hay en el Perú, por lo qual todos los Reyes Incas [...] lo tuvieron por jardín y lugar de sus deleites y recreación donde iban a alentarse de la carga y pesadumbre que el reinar tiene consigo [...] el sitio es amenísimo, de aires frescos y suaves, de lindas aguas, de perpetua templanza, de tiempo sin frio ni calor, sin moscas ni mosquitos ni otras sabandijas penosas» (1976 [1609]: libro V, cap. XXVII, 270). Si el valle le pareció a Garcilaso el Jardín del Edén, es porque los incas hicieron de él en verdad un paraíso: sin la extensa andenería y la irrigación intensiva, el valle muy probablemente hubiese sido árido. 3 Sin embargo, los incas encontraron en el valle condiciones favorables para sus planes. Entre Pisaq y Ollantaytambo, el valle del Urubamba discurre de Este a Oeste, una orientación que favorece una excelente exposición a los rayos solares.4 El agua para irrigación es abundante: proviene de corrientes de agua —producidas por el derretimiento del hielo de los glaciares— que discurren valle abajo desde la cordillera de Urubamba, en la margen derecha del valle. En el aspecto estratégico, este era un enclave codiciado 36

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