por el contrario, el autor pensaba que la cabecera de los muros debía seguir más o menos la pendiente en la cual fueron construidas las puertas, de la misma manera que lo hace el muro perimétrico de la Colina-Santuario. Una simple limpieza de los escombros alrededor de las puertas y la consolidación de muros donde fuera necesario pudo ser suficiente y a la vez habría implicado una mucho mejor intervención, ya que esta no hubiera distorsionado las evidencias y, al mismo tiempo, hubiera podido ser algo más evocativa del pasado. La reconstrucción del Muro de los Cien Nichos procedió en paralelo con la de la doble entrada. Si es que esta reconstrucción fue acompañada de excavaciones, el autor desconoce cuales habrían sido los resultados. Pudo haber sido una perfecta ocasión para comprobar las ideas de Hemming, quien sugería que el muro era lo que quedaba de las barracas (capítulo 2, p. 71). Fig. E.2. La reconstrucción de la doble entrada de T’iyupunku es un ejemplo de lo que, en opinión del autor, no debe hacerse. Reconstrucciones en el lado norte de Manyaraki Los edificios E y F en el lado norte de la Plaza de Manyaraki fueron construidos sobre estructuras anteriores en piedra cortada, cuyos cimientos aún pueden verse a un lado de la plaza (capítulo 14, p. 319 y Fig. 14.17). Excavaciones realizadas en dichos edificios revelaron más acerca de los cimientos más tempranos, lo que quizá brindó evidencia suficiente como para haber tenido alguna idea del trazado original de estas estructuras. Sin embargo, después de dichos trabajos estos cimientos fueron cubiertos con una cuestionable reconstrucción de los edificios E y F. 346
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