recurrente de los hastiales, aunque ellos tampoco aparecen en todos los casos. La tabla de la página siguiente resume las varias configuraciones de hastiales y bases que pueden encontrarse en el área de Ollantaytambo, y las compara con las de ’Inkawazi. Teniendo en cuenta las variaciones en las configuraciones de hastiales y muros largos, se presume que los carpinteros incas debieron haber tenido un considerable repertorio de detalles de techado. La ausencia de una reconstrucción única que satisfaga todas las posibles situaciones plantea la cuestión acerca de qué conseguían hacer las más elaboradas configuraciones de hastiales que las más simples no podían. OTROS DETALLES Uno de los detalles más curiosos consiste en la presencia de estacas o palos que cruzan diagonalmente las esquinas interiores de muchos edificios incas. En Ollantaytambo, estas estacas se han descompuesto y solo quedan pocos fragmentos de ellas en las cajas que alguna vez las sujetaron. En el Edificio N de la Fortaleza, estas cajas se encuentran en las cuatro esquinas (Figs. 13.19 y 13.20). Las estacas medían entre 8 y 12 centímetros de diámetro y se ubicaban a casi 2 metros sobre el nivel del suelo. La estaca más corta, ubicada bastante cerca de la esquina este, tiene una longitud de menos de 30 centímetros, mientras que la más larga, ubicada en la esquina oeste, cubre una distancia de aproximadamente 1,30 metros. Parece no existir una regla para definir por qué unas estacas son más largas que otras, como tampoco se puede dar una explicación para su función. Moorehead las define como «amarres de esquina», pues consideraba que daban un refuerzo a esas partes (1978: 73). Bouchard las llama «tirantes» y también les adjudica una función de refuerzo. El autor duda de que estos elementos hayan tenido una función estructural. El típico patrón de colapso estructural de los muros incas muestra que los segmentos medios de los muros, en particular de los longitudinales, colapsa hacia el interior debido a la inclinación de los muros mientras que las esquinas permanecen intactas (Fig. 13.21). Las esquinas, en especial cuando están bien construidas en aparejo de cabeza y soga —en estructuras ya sea de piedra o adobe—, son la parte más resistente del edificio. Si las estacas tuvieron una razón estructural, se debería esperar encontrarlas sistemáticamente en todos los edificios; pero, como Moorehead sostiene, «Estos pequeños elementos de madera no debieron de haber ofrecido mayor refuerzo y su supuesto uso como amarres de esquina 281
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