Arquitectura y construcción incas

Punkuyoq, ’Inkawazi Sí Sí Sí Sí Sí Sí Gasparini y Margolies sostienen que la inclinada pendiente de los techos incas probablemente no solo se debía a las lluvias sino, también, para reducir el empuje, pues a mayor pendiente, menor el empuje horizontal resultante del peso muerto del techado (1980: 312; Lee 1988a: 20). Sin embargo, no mencionan el hecho de que a mayor pendiente, mayor es también el área del techo expuesta a los vientos. Los fuertes ventarrones en Ollantaytambo ejercen cargas dinámicas en la estructura del techado que, en algunos casos, pueden producir fuerzas horizontales en los apoyos que exceden el empuje de las cargas muertas en uno o dos órdenes de magnitud. Entonces, la reducción en el empuje obtenido con el aumento de la pendiente se pierde por las grandes cargas provocadas por las corrientes. Además de las fuerzas horizontales, los vientos también generan levantamientos de las estructuras de techado. Como anota Lee, el aire que se mueve a lo largo del techo produce zonas de baja presión en la parte superior y a sotavento del techo (1988a: 16). Bajo ciertas condiciones, la diferencia de presión entre el interior y el exterior puede ser suficiente para crear un levantamiento que excedería al peso del techo, por lo cual se hace necesario que el material usado para el techado esté totalmente sujeto a la estructura, incluso si la estructura de techado se encuentra bien amarrada. En ’Inkawazi, la repisa en los muros largos y la viga cumbrera, anclada en las muescas de los hastiales, posiblemente ofrecieron suficiente resistencia como para evitar que el techo saliese por los aires. El autor no ha podido definir qué elemento mantenía sujetos los techos de los depósitos P31, P32 y P33, puesto que estos edificios carecen de los detalles descritos para ’Inkawazi. Los depósitos también carecen de clavos de piedra interiores en los muros largos, los que, según Gasparini y Margolies, pudieron haber servido para sujetar las vigas, las patas de los trípodes o ambos (1980: 317, fig. 308). Es casi seguro que la elaborada configuración de los amarres en los hastiales no pudo haber provisto de anclaje a la sección media del techo, a 10 o 20 metros de los hastiales. Es más, las configuraciones de los hastiales en el cerro Pinkuylluna y en ’Inkawazi son la excepción más que la regla. La mayoría de las inclinaciones en los muros hastiales son planas, con solo una superficie. Se pudieron haber colocado horquillas de amarre en las inclinaciones de los hastiales, pero estos no se han encontrado en ninguna parte. Los clavos de piedra externos parecen ser una característica 280

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