Fig. 13.12. Las jambas en los depósitos P3 se hicieron mediante dos dinteles de piedra con uno o dos maderos redondeados entre ellos. Los maderos se ataban con cordeles para dar mayor consistencia al mortero con el cual se cubrían los dinteles. Fig. 13.13. El cordel alrededor de una piedra que servía de dintel, ahora desaparecido, ha dejado una impronta en el mortero remanente. Parte de los cordeles puede aún observarse en la argamasa. LOS TECHOS Los carpinteros incas construyeron techos inclinados, a dos y cuatro aguas. Los hastiales que aún se mantienen en pie indican que los techos tenían una pendiente bastante empinada, de cerca de 60 ± 3 grados (Fig. 13.14). En la mayoría de los edificios, el espacio cubierto por los techos era relativamente pequeño, de entre 2,80 a 4,50 metros. Los edificios norte y sur en las kancha cubran un espacio de, a lo más, casi 6,5 metros. Los mayores espacios cubiertos se encuentran en los grandes vestíbulos: cerca de 7,55 metros en los vestíbulos en el poblado y 11,10 metros en el Vestíbulo A en Manyaraki. Dada su pendiente de 60°, el techo en el Vestíbulo A debió ser una estructura extraordinaria: tuvo un caballete de cerca de 10 metros por encima de los aleros, vigas de casi 12 metros de longitud y una superficie techada total de más de 800 metros cuadrados, más del doble del área de su planta. Se desconoce cómo los incas armaban y construían tan enormes techados, ya que ninguno ha sobrevivido hasta el día de hoy. Muchos fueron quemados en las guerras posteriores a la Conquista; otros fueron desmantelados para usar sus maderos y el resto cedió, quizá, ante la intemperie. Por lo tanto, cualquier reconstrucción de las estructuras de techado usadas por los incas debe realizarse sobre la base de los relatos de testigos de primera mano y en los pocos detalles 274
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx