Arquitectura y construcción incas

lengua a la par que estuviese familiarizada con la cultura Inca. Llegaron a ser tan exitosos en la aplicación de esta política que 450 años después, esta lengua —hoy llamada quechua— se habla aún entre la vasta mayoría de los indígenas que pueblan los Andes, desde Ecuador hasta el norte de Chile. Religión El panteón inca se encontraba presidido por Viracocha (el Dios Creador), quien era seguido inmediatamente por Inti (el Sol, el que, se presumía, era el ancestro de la dinastía real), Pachamama (la Madre Tierra), Illap’a (el Clima o Dios del Trueno) y Killa (la Luna), así como por diversas constelaciones y estrellas. Aparte de estos dioses principales, los incas adoraban una gran cantidad de deidades y objetos sagrados, o wak’a, entre los cuales se incluían montañas, rocas, árboles y riachuelos, además de otros objetos tanto naturales como construidos. Este panteón y los ritos de adoración de las deidades fueron impuestos por los incas a los pueblos conquistados; política que no debió de haber sido muy difícil de aplicar si se considera que muchas de estas deidades eran probablemente objeto de adoración en el área andina. Sin embargo, y para asegurar el cumplimiento y buena conducta en los nuevos territorios, los incas tomaban la deidad — u objeto sagrado local— y la llevaban al Cuzco, donde se le honraba, pero era mantenida como rehén. Estructura administrativa Con el objeto de establecer el control y administración del imperio, los incas lo dividieron en cuatro partes, cuadrantes o suyu, de los cuales deriva el nombre original del imperio: Tawantinsuyu (Las Cuatro Partes). Los cuatro suyu se encontraban en el Cuzco, en la intersección de dos líneas divisorias imaginarias que discurrían de Norte a Sur y de Este a Oeste respectivamente. Las cuatro partes eran el Chinchaysuyu, al noroeste, el ’Antisuyu, al noreste; el Qollasuyu, al sureste; y el Kuntisuyu, al suroeste. Cada suyu se hallaba bajo la responsabilidad de un consejero (apu), por lo general pariente cercano del Inca. Cada cuadrante se dividía en provincias administradas por gobernadores (t’oqriqkoq), seleccionados de entre la nobleza incaica. Los gobernadores, a su vez, estaban a cargo de una jerarquía de autoridades de inferior nivel (kuraka), quienes eran elegidos de entre las estructuras de poder o nobles locales, y cuyas posiciones eran 24

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