Colonización En los nuevos territorios conquistados, la población residente era reubicada y consolidada en nuevos poblados cercanos a los campos, alejados de sus asentamientos tradicionales. Si la población local resultaba ser particularmente resistente a su dominación, esta era removida hacia áreas bien integradas al imperio y reemplazada por colonias de pobladores de otras áreas bien instruidas en los modos y maneras incas. Los desplazados eran llamados mitmaqkuna y su número llegó a ser de tal magnitud que, en muchos territorios, los indígenas locales eran excedidos ampliamente por ellos. La finalidad de estas reubicaciones de poblaciones enteras era, por supuesto, romper las estructuras de poder político existentes, así como destruir las alianzas tribales que podrían convertirse en potenciales focos de insurrección. Mediante el repoblamiento de los nuevos territorios con poblaciones aculturadas con sus modos, los incas aceleraron la difusión de su estilo de vida a lo largo del imperio. Aunque diferente en la práctica, la estrategia romana de asentar legionarios retirados en las provincias tenía el mismo fin y efectos similares a los del programa de colonización inca. La fundación de nuevos asentamientos en las provincias romanas «[...] tenía la finalidad principal de alojar legionarios veteranos que servían tanto como reserva militar, como de modelo del estilo de vida romano para las poblaciones locales» (Hanson 1988: 53, 54). Lenguaje Cieza de León, entre otros, señalaba que, con el fin de evitar el inconveniente de encontrar una lengua nueva en cada recodo del camino en una tierra tan extensa y para evitarse el problema de tener que operar con un número similar de intérpretes, los incas simplemente ordenaron que, bajo pena de severo castigo, todos los miembros del imperio debían de aprender la lengua del Cuzco (Cieza de León 1967 [1553]: cap. XXIV, 84). Como requisito mínimo, todos los asuntos de Estado debían de hacerse en la lengua incaica. Los administradores enviados a las provincias en misiones oficiales solo hablaban «inca» y esperaban que se les respondiese también en ese lenguaje. A los nobles provinciales se les exigía mandar sus hijos o herederos al Cuzco a temprana edad con el fin de aprender la lengua inca. De esta manera, los incas se aseguraban de que al menos la siguiente generación de la nobleza local tuviese fluidez en la 23
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