Capítulo 11 ENGASTADO, ASENTADO Y MANIPULACIÓN DE LOS BLOQUES Y lo que más admira es que no siendo cortadas estas [piedras] que digo de la muralla, por regla, sino entre sí muy desiguales en el tamaño y en la facción, encajan unas con otras con increíble juntura sin mezcla. Acosta, Historia natural y moral de las Indias Lo que más reta a la imaginación de quienes visitan las ruinas incas es la impresionante precisión con la cual se engastan las piedras una con otra. ¿Cómo pudieron construir tan increíbles muros gentes que no conocieron la rueda y que no tuvieron instrumentos de hierro? ¿Estuvo envuelta, quizá, la magia en la construcción de los edificios? Todavía se cuentan muchos mitos, el más pintoresco de los cuales es el que asevera la existencia de una hierba usada por los incas cuyo extracto suavizaba las piedras y las hacía moldeables, un tema derivado quizá del folklore europeo. Como el autor demostró en otras publicaciones (Protzen 1985a, b), los incas fueron capaces de engastar estas piedras con sus propias manos y herramientas sin el auxilio de ninguna raza extraterrestre. En Ollantaytambo, sin embargo, los albañiles incas llevaron su habilidad a niveles insospechados: una pequeña grieta producida a lo largo de un plano de clivaje en la esquina de una piedra se complementaba con un corte equivalente en la piedra adyacente (Fig. 11.1). En casos como este, el dominio que los albañiles tenían de su actividad llegaba a convertirse en un arte diestramente aplicado. Cuando construían un muro de piedras talladas, los albañiles incas dejaban sin cortar las caras superiores de las piedras colocadas hasta que la siguiente piedra se disponía sobre ellas. Al llegar ese momento se tallaba en las piedras ya asentadas una junta de asentamiento, una réplica en negativo de la parte inferior de la piedra que iba a ser colocada. Esta secuencia puede seguirse en muchos muros de Ollantaytambo. Al este de 229
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