ellas, 450 en cada una, 225 en cada lado, en una longitud total de cerca de 187 metros (Fig. 9.3). Fig. 9.3. Es posible imaginar que para que una cuadrilla de hombres pudiera jalar un gran bloque era necesario formar una gran red para envolver la parte superior y los lados del bloque. Probablemente se entrelazaban cuatro o más sogas en su confección. Si el autor tiene una reserva acerca de su explicación de la técnica de arrastre en Ollantaytambo es en relación con su incapacidad de explicar de manera plausible cómo esta cantidad de personas fue desplegada a lo largo del camino de la montaña —que tiene, a lo sumo, entre 6 y 8 metros de ancho— para voltear en las curvas, cerradas o no, sin salirse de ellas. Para superar la curva, se tenía que jalar derecho hacia ella; una vez allí, el bloque podía ser reorientado en una nueva dirección usando palancas, mientras que la cuadrilla se reubicaba al frente del bloque. Lamentablemente, la accidentada topografía a lo largo de la ruta de transporte a Ollantaytambo muy probablemente debió de haber imposibilitado este tipo de maniobras. El problema no podría haber sido resuelto mediante cuadrillas más pequeñas en número. Incluso si las pequeñas cuadrillas hubiesen usado arcilla mojada o se hubiesen ayudado con palancas, se hubieran encontrado con la misma dificultad al lidiar con las curvas. Solo cuadrillas que trabajaran exclusivamente desde la parte posterior del bloque podrían haber salvado estas curvas mediante una combinación de lubricantes y palancas. La fuerza ejercida por la cuadrilla que manejaba las palancas debió de haber sido suficiente para empujar, inclusive, el más pesado de los bloques colina arriba hacia la Fortaleza si el coeficiente de fricción se limitaba a 0,2 o menos. Lo que el autor ha llamado «marcas de arrastre» 217
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