Arquitectura y construcción incas

libro IV, cap. CVI, 198). El ichu que interesa más aquí es el que fue usado para el techado y para la fabricación de cordeles. De hecho, existe una amplia evidencia documental de que los incas cubrían los techos de sus edificios con gruesas capas de ichu (Cobo 1964 [1653]: vol. II, libro XIV, cap. III, 242; Garcilaso de la Vega 1976 [1609]: vol. II, libro VI, cap. IV, 16). A menos que se prendiese por acción del fuego, el ichu proveía de un cobertor bastante duradero. Las sogas elaboradas con ichu no son particularmente resistentes y se rompen con fácilidad debido a que las hojas de ichu no tienen mucha resistencia a la tensión y no son muy flexibles. Como se discutirá en el capítulo 13, las cuerdas de ichu, si bien eran débiles, servían muy bien cuando se trataba de envolver los dinteles a fin de proveer una base para el enlucido. Las sogas más resistentes, usadas para la construcción de puentes, amarrar troncos o para el acarreo de bloques, fueron hechas de las hojas fibrosas de la Fourcroya andina. La fibra de esta planta tiene una gran resistencia a la tensión y, por ser lo suficientemente fuerte, fue usada para la confección de sandalias y era tan flexible como para ser incluida en los textiles (Cobo 1964 [1653]: vol. II, libro V, cap. XX, 211). Se hace absolutamente necesario un estudio más minucioso de la manufactura de las sogas incas y un análisis de sus propiedades mecánicas. Sin esto, no es posible entender y apreciar a cabalidad las prácticas constructivas en las cuales se usaron, como el puente colgante en el desfiladero del río Apurímac, que tiene más de 45 metros de ancho, el entrelazado de la estructura del techado, que medía de 26 metros de muro a muro, que se usó para cubrir el gran vestíbulo de ’Inkallaqta o el acarreo de pesos que excedían las 100 toneladas. 193

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx