doblaba las esquinas. Las excavaciones realizadas por el Instituto Nacional de Cultura en el año 1988, en el extremo norte de los muros del lado este (segmentos B, C y D), confirmaron la similitud de estos segmentos de muro con el Segmento I. Estas excavaciones también sacaron a la luz la existencia de un gran canal de irrigación con una sección de 50 por 50 centímetros que corre a lo largo de la base de las celdas. Los lados de este canal se encontraban cuidadosamente revestidos por piedras. Es interesante notar que ni Squier ni Middendorf, quienes escribieron algunas de las más completas descripciones de Ollantaytambo en el siglo XIX, mencionan al Callejón o sus muros. Por otro lado, Pardo, en su artículo de 1946 titulado Ollantaytambo, una ciudad megalítica, ofrece una extensiva enumeración de las ruinas del complejo, pero tampoco menciona el Callejón. Sin embargo, Miranda, un maestro de escuela local, describe los muros y aduce que estas estructuras eran los restos de un hospital (1964: 28-29). Los muros fueron registrados por los topógrafos de Bingham en su expedición de 1915,28 pero el autor no ha podido encontrar sus notas o las de sus topógrafos en relación con los muros. Finalmente, aunque Squier no menciona la depresión, la incluye, al igual que a los muros, en su mapa del valle y monumentos de Ollantaytambo (1877: 482). Q’ELLU RAQAY A Squier se le debe un primer plano de Q’ellu Raqay, que él denomina Palacio de Ollantay.29 Chávez y Sawyer, quienes investigaron el «Palacio» en 1978, quedaron impresionados por la precisión del plano de Squier: «A medida que pugnábamos por descifrar las complejidades de este deteriorado lugar, Chávez y yo desarrollábamos un profundo respeto por la exploración pionera de Squier» (Sawyer 1980: 63). Sin embargo, ellos encontraron algunos errores, por lo cual decidieron hacer un nuevo levantamiento (Fig. 4.11) y propusieron una reconstrucción más aceptable del complejo (Sawyer 1980: 63-72, láms. VII-XIV). En 1987 y 1988, cuando el autor exploró las diferentes terrazas distribuidas a lo largo del Callejón, así como los alrededores de Q’ellu Raqay, advirtió que el «Palacio de Ollantay» había sufrido daños recientes. Por ejemplo, la entrada de doble jamba entre los edificios denominados A y B30 por Sawyer ya no era identificable; los muros este y oeste de la Plaza I se habían deteriorado a tal punto que no era posible determinar el número de 133
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