restantes ubicados cerca de 3 metros al sur del muro posterior del Edificio D. Estos cimientos sugieren la existencia de múltiples accesos a su interior, que debió de ser similar al Edificio O y, como ese, debió de tener dos niveles. A excepción de una fuente (f3), no es mucho lo que queda en el área inmediatamente al sureste de los edificios D y E1. Cualquiera que fuera el diseño para este sector, se ha perdido para siempre. La única pista se encuentra bajo un muro bastante rústico: una hilera de cuatro de piedras de color verde cuidadosamente cortadas y colocadas sobre una base de piedras bien talladas del mismo material (Fig. 3.21). El autor tiene pocas dudas acerca de si son las mismas que fueron descritas por Llanos: «[...] se ve una hilada de 12 sillares verdes, donde el ensamble se hizo tan perfecto que sobrepasa toda ponderación [...] a la izquierda de la hilada de piedras verdes se ven, alineadas, otras piedras verdes de la misma factura; posiblemente se las colocaba y ordenaba para formar la hilada inferior del cimiento» (1936: 127). No fue posible contar el número exacto de las piedras usadas como cimientos que aún están en su lugar, pero el autor tiene la impresión de que el muro no tiene más de nueve piedras in situ hoy en día. La hilera de piedras descrita por Llanos se ha reducido a solo unos cuantos bloques y, de los bloques sueltos que observó alineados y que pudieron ser usados posteriormente, solo tres sobreviven. Fig. 3.21. Bajo un muro muy rústico, una fila de cuatro piedras verdes cuidadosamente talladas se asientan sobre una base de piedras también muy bien trabajadas. Lo que más impresiona de esta fila de piedras no es su excelencia en el encajado, que después de todo es una característica de la mampostería inca, sino la ausencia de la más mínima traza de juntas hundidas o 118
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