Arquitectura y construcción incas

Muro y la otra detrás del Muro de los Seis Monolitos. Los lados de la primera se encuentran revestidos por piedras finamente labradas (Fig. 3.14), y la segunda, inacabada, da acceso a un muro con acabado rudimentario y con tres nichos ubicado en la ladera de la montaña. Piedras bien encajadas cubren la parte posterior del Muro de los Seis Monolitos (Fig. 3.15). Las estructuras de riolita rosada están construidas con bloques de dimensiones ciclópeas. En el Primer Muro y el Segundo Muro, el aparejo es bastante regular, con bloques rectangulares dispuestos en hiladas horizontales (Figs. 1.15 y 3.16). En el Primer Muro, las hiladas disminuyen en altura y los bloques reducen su tamaño a medida que el muro crece, característica que es un rasgo típico de la arquitectura inca (Rowe 1983: 2). Al menos en parte, ambos muros fueron construidos con bloques reutilizados. Como su nombre lo indica, el Muro de los Seis Monolitos —el muro sureste del Templo del Sol— consta de seis monolitos erguidos y unidos por angostas piedras fileteadas (Fig. 3.17). Hasta donde el autor conoce, este tipo de muro es único en su género y no hay otro igual en todo el territorio del imperio. Sin duda, este edificio estaba destinado a ser una estructura extraordinaria, sin parangón en Ollantaytambo ni en otro lugar. A pesar de las expectativas generadas, el visitante que recorre el Templo del Sol probablemente se decepcionará al doblar la esquina y descubrir los otros muros. Estos muros tienen un acabado rudimentario y fueron construidos intencionalmente con bloques reciclados de otros edificios, con grandes espacios entre ellos que fueron rellenados con piedras sin cantear (Fig. 3.18). ¿Cuál es la razón para esta contradicción? La respuesta parece ser que el Templo del Sol nunca fue resultado de un diseño único, sino que diferentes generaciones de arquitectos se hicieron cargo del trabajo. Este punto se desarrollará más ampliamente en la tercera parte de este libro. 112

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx