94 Dos calores No son los mismos calores en estos arenales inmensos que apenas tienen diminutos verdes a lo lejos, que sentir en la espalda el sol del mediodía en el monte con el cielo despejado sin nubes ni pájaros. Allá tenemos lagunas cerca, riachuelos, árboles añosos, espacios amenos, humedales, flores, frutos. Es un placer sentir la tarde cálida y el agua fresca que recorre todo nuestro cuerpo y se hace alegría circulando por nuestras venas y en el mismo corazón que no se cansa de durar mañana y tarde afincado en la belleza. En el día somos mariposas y en la noche un camino de luciérnagas.
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