44 Regresos Con la ayahuasca regresamos a la infancia, somos niños de pasos titubeantes, la búsqueda es un fin en sí misma, nuestro natural deseo en todo instante, pero nos caemos y golpeamos, tenemos rasmillones, dolores por todo el cuerpo. Una voz que viene de lejos, que canta, solo canta, nos guía con seguridad pasmosa, y así nos levantamos con energía y vemos todos los colores y hablamos con las plantas, con los árboles, con los ríos y con los pájaros. Toda la naturaleza canta y nos arrulla, nos induce a un profundo sueño que semeja a la misma muerte. De ese tiempo nada sabemos, salvo que luego tornamos a vivir y estamos renovados y agradecidos y podemos escribirlo. Hemos ido y hemos vuelto de lo desconocido gracias a la hierba sagrada.
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