45 El daño He sabido con el tiempo que el daño, la envidia y los celos que sentimos que los malvados nos lanzan y que percibimos con la ayahuasca nada son si no los acogemos en nuestros corazones desesperados. Hacen su madriguera en los rincones más oscuros, en la plena tiniebla, y algo sabemos de sus misterios en las claras noches de luna, con el encanto de la hierba mágica. Apenas hemos creído al comienzo y ahora somos sacerdotes, convencidos fieles de la religión de las plantas. Solo deseamos hacer el bien a toda la humanidad sin esperanza.
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