124 Un dios pardo Nos zambullimos en el río y rogamos por la vida cuando nos arrastra el torrente. Arriba el cielo índigo y los pájaros, abajo el marrón de las aguas de convulsa furia y la muerte con su pulular de pirañas. Hemos podido contarlo y miramos al río como un dios pardo poderoso, colmado de ímpetu e indiferencia, insensible a la suerte de animales y plantas y al quehacer de los hombres en sus sueños.
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